LOS UMBRALES DE LAS DIOSAS GUERRERAS.

La estirpe estelar de las diosas se determina con un movimiento disperso que, holísticamente, en el alba difumina haces diamantinos por los contornos de los arrabales de Otavalo.  Los tonos rosáceos, alimentados por la luz que emiten los cuerpos al volar, se pintan luminosos con el batir de las alas, cuyos roces establecen melodías metálicas, que se asemejan al sonido de mil trompetas. Los umbrales se abren con luminosidad de zafiro, dejando caer sobre la gente el éxtasis de una luz extrañada y desconocida. 

Cada una de las diosas se deja ver, encascada, en su umbral lleno de símbolos ancestrales de alegría, con mensajes que se abren a infinitas posibilidades.  

Se ve a la diosa Vida o “Samsara”, niña traviesa y juguetona, que está más allá del bien y del mal, su signo es anaranjado de influjos grises. Como la naturaleza deja caer sus dones, unas veces angelical y otras, diabólica.  Su casco es frágil, hecho de cristal y en él se refleja el devenir de los miles de seres que se mueven, en su vaivén infinito, entre el ser y no ser. 

Después está la diosa Amor o “3 Jhanas”. Tiene umbrales inscritos unos en otros, porque su profundidad matizada así lo determina. Su esencia se vislumbra en la sonoridad de su magnífico nombre. En la cabeza un casco, violeta ardiente como la locura. Todos los sonidos la circundan y sobre su delirio, llueven rosas sin espinas con hojas multicolores. Nadie puede escapar de su feroz influjo y, aún con artificios, urimes y turimes, los seres se dejan llevar por ella para luego caer, indemnes, cuando desaparece. 

Hacia allá la diosa Intuición o “Samadhi”, con sus múltiples brazos hace que el aire alrededor se llene de esplendores. Un círculo blanco que ella empina, lleva adentro al unicornio alado sobre el que caen los pétalos de la clarividencia. El tercer ojo, abierto sobre su frente bendita, mira más allá de lo real, hacia el mundo maravilloso de la imaginación. 

De inmediato la diosa Sabiduría o “Bodhi” aparece como un jardín, de la mano de las flores, nacidas de las aguas turbias y convertidas en enormes lotos aterciopelados. Su largo cabello ondeando al infinito, se sumerge en las profundidades mientras sus manos dadivosas entregan la esfera azul de la sabiduría diciendo: “gate, gate, paragate, parasamgate, bodhi svaha.”  

Enseguida la diosa Alegría o “Satori” en un umbral dorado que hace de ágora para su sonido. Usa como instrumento a la belleza, despertando la inspiración de los seres. Las hojas y rosas de plata de su risa, caen sobre todos en escalada interminable y eterna, destruyendo el sufrimiento y despertando a los seres de todos los universos 

Finalmente la diosa Iluminación o BUDA cuya alegría traspone los espacios estelares y cuya paz calma los corazones de los seres universales. El casco que la cubre está lleno de símbolos eternos de sabiduría. Sus largas manos dejan escapar haces luminosos que van esclareciendo hasta la más oscura de las profundidades. Su umbral  es dorado como el camino del medio, que ella abre,  dejando como regalo la luz de la gracia.    

 NURIA RENGIFO